Marcas mexicanas: Churrería El Moro
La apuesta por desarrollar una marca que pueda multiplicarse dentro - y fuera - de México
Más de 80 años después de haber nacido, la tercera generación creyó que era momento de abrir una segunda sucursal del negocio familiar.
Francisco Iriarte comenzó a vender churros desde un carrito en el centro de la CDMX en 1933. El inmigrante español bautizó su negocio como “El Moro”, en honor del vendedor de churros en Elizondo, su pueblo natal (en la Comunidad de Navarra).
Un par de años más tarde, El Moro se instaló en un local en la previamente llamada Avenida San Juan Letrán, hoy Eje Central, en pleno centro. Ahí se convirtió en un destino típico de turistas, celebridades y todo tipo de personalidades. Así permaneció por décadas: un negocio exitoso y con una marca que se había ganado un lugar en la cultura de la capital — pero limitado.
Santiago Iriarte, sobrino nieto del fundador, creyó que el concepto que estaba creándose en Mercado Roma — una propuesta que quería ‘reempaquetar’ sabores y platillos tradicionales de México en un formato más moderno, hipster — podría ser la plataforma ideal para comenzar a crecer. Era 2014.
Y si finalmente harían una segunda sucursal, era también la oportunidad de rehacer la marca. La familia contrató a Nacho Cadena, el diseñador que también estaba a cargo de Mercado Roma, para desarrollar algo nuevo, diferente, a partir de su marca. El reto era tomar una marca tradicional del centro histórico y convertirla en algo atractivo para nuevas generaciones.
La experiencia de esa segunda sucursal les envalentonó para replicar el nuevo modelo. Al poco tiempo abrieron una tercera y luego una cuarta; hoy hay 16 tiendas y vienen cuatro más en camino…



