Economía Presente - Afores, parte 2

Por Juan Carlos Calderón

Hoy seguimos hablando de las Afores: los cambios que más nos afectarían, y también los cambios que necesita el sistema.

¿Cuáles cambios serían muy nocivos?

Entre la población más educada, empresarial y con un enfoque de mercado, existe la preocupación de que vivamos algo similar a Argentina en donde las AFP fueron nacionalizadas en 2008, y fueron vistas como la caja chica del gobierno. El peor escenario sería donde el actual gobierno vea al ahorro acumulado a lo largo de 23 años como un medio para soportar el gasto público y patrocinar los proyectos preferidos del gobierno. También existe el temor fundamentado, en base a la iniciativa de ley presentada por el diputado federal de Morena, Edelmiro Santiago Santos Díaz, donde propuso que el Banco del Bienestar administrara los recursos que actualmente invierten las Afores. ¿Por qué esta iniciativa sería nociva? Porque en el Banco del Bienestar no existen procesos, sistemas, capital humano ni gobierno corporativo que garanticen la mínima posibilidad de una administración exitosa y profesional. Adicionalmente, si las cuatro Afores que administran más recursos son demasiado grandes para la escala del mercado de valores mexicano, concentrar todo en un solo administrador sería inmanejable y le daría al Banco del Bienestar un poder de mercado que sería en el mejor de los casos monopólico y en el peor una fuente interminable de corrupción. Por otra parte, volver a un sistema de pensiones donde el estado se compromete a pagar un porcentaje de los últimos salarios cotizados por el trabajador antes de la jubilación sería una bomba de tiempo para las finanzas públicas.

¿Qué cambios se deberían hacer?

Existen dos cambios fundamentales que se deben hacer. El primero es tomar en cuenta que las Afores solo cubren a la población con empleos formales – menos del 50% de los trabajadores en México. Llevar a más empresas a la formalidad sería la puerta de entrada para que millones de trabajadores puedan acceder a una pensión mayor a la mínima ofrecida por el estado mexicano. El otro cambio indispensable es incrementar la aportación que actualmente dan trabajadores, empresarios y gobierno. Se necesita aportar tres veces más de lo que hoy se aporta para poder acceder a pensiones dignas. Ese debería ser el corazón de la reforma.

Los cambios deseables incluyen aumentar el número de Afores para que así exista mayor cantidad de equipos dedicados a las inversiones y un mayor número de opciones para los afiliados. La competencia llevaría a menores comisiones y mayor diversificación de portafolios. Adicionalmente, reducir el gasto comercial en que incurren las Afores en afán de administrar más activos sería benéfico para los trabajadores. Por otra parte, generar compañías especializadas en la individualización de cuentas generaría una reducción de gastos, en vez de que cada Afore destine una parte de su gasto a generar estados de cuenta individuales.

Posibles impactos en los mercados financieros e impacto en la capacidad del gobierno a financiarse

El actual sistema ha generado ahorro interno, con el cual las empresas y el gobierno federal se han podido financiar a largo plazo, y se ha podido ofrecer alternativas de inversión atractivas para el ahorrador. Esto ha generado fuentes de financiamiento para empresas, deuda corporativa, deuda de gobierno e inversiones para fondos de capital privado en varios sectores. En resumen, el actual sistema ha aportado al desarrollo y empleo en nuestro país aunque definitivamente los montos no han sido suficientes.

Si el gobierno tomara control de los recursos administrados por las Afores habría un colapso en el sistema financiero, ahorro interno y confianza de los inversionistas. Los efectos de estatizar el sistema de pensiones serían comparables a la nacionalización de la banca en los 80´s por López Portillo.

¿Qué hacer?

El actual sistema ha generado un mercado de capitales incipiente para el financiamiento para empresas, deuda corporativa, deuda de gobierno, fondos de capital privado en varios sectores. En resumen, el sistema actual ha aportado al desarrollo y empleo en nuestro país con rendimientos atractivos para los trabajadores.

No debemos permitir que nuestro ahorro, de años, sea utilizado para financiar gasto corriente o promesas de campaña que no darán un rendimiento atractivo, y poner nuestro dinero en manos de un equipo administrador sin el conocimiento necesario.