600 millones de popotes de aguacate

Fast Company – una de las más prestigiosas publicaciones de tecnología y emprendimiento – publicó hace algunas semanas una lista de las 10 empresas más innovadoras de América Latina. Aparecen 3 empresas mexicanas, incluyendo la gigantesca Orbia, mejor conocida por su nombre anterior, Mexichem, y a la cual destacan por su presencia internacional y fuertes apuestas en iniciativas relacionadas con sustentabilidad.

En la lista hay también una regiomontana.

Scott Munguía llegó a Monterrey, procedente de Guadalajara, para estudiar ingeniería química en el Tec. Tenía muy presente la tendencia hacia los materiales biodegradables, así que se puso a investigar qué podía hacer al respecto. Al poco tiempo encontró que con la semilla del aguacate se podían hacer muchas cosas, y al ser México uno de los principales productores, aquí parecía haber una buena oportunidad.

Para 2012 ya había patentado un proceso para fabricar un bioplástico, a partir de la semilla del aguacate. Tenía 22 años.

Con este material, Biofase, su empresa, produce cubiertos desechables, contenedores de comida y popotes. Se ven y sienten muy similares a los hechos de plástico común y corriente, pero tienen una diferencia sumamente importante: los popotes de plástico pueden tardarse unos 200 años en descomponerse. Los popotes que él produce, con su bioplástico, tardan unos 240 días.

Comenzaron en 2015 con una planta que ubicaron en Michoacán, para estar cerca de su materia prima. Hoy tienen ya cinco fábricas – incluyendo una en Santa Catarina – y producen entre 150 y 200 toneladas mensuales de sus productos, así como materia prima, que comercializan a otros fabricantes de artículos biodegradables. Alrededor de 50 toneladas mensuales son solamente de popotes, lo que termina siendo más o menos el equivalente de 600 millones de popotes de aguacate, al año.

México representa nada más el 15% de sus ventas: los países europeos se quedan con un 40%, a Estados Unidos y Canadá se va otro 25%, y el resto es para Centro América, y países como Colombia y Perú.

La llegada del COVID sí les ha afectado, explica Scott. De entrada, muchos de sus clientes son restaurantes – y prácticamente en todos los países a los que exportan, éstos han estado cerrados. Venían además de haber terminado inversiones para expandir su capacidad de producción: esperaban vender mucho más este año, y al revés, terminarán vendiendo menos.

Pero en el largo plazo, dice, volverán a crecer. Cada vez hay mayor conciencia acerca de la necesidad de cuidar el planeta, y es un tema vigente tanto a nivel regulatorio – con prohibiciones reales hacia los plásticos desechables – así como en lo que se refiere a las actitudes y preferencias de los consumidores. Por algo Fast Company los quiso destacar.